domingo, 12 de febrero de 2012

Cuento Concurso Fonteide

Aquí les dejo otro de mis cuentos, esta vez para un concurso de Fonteide de relatos y dibujos relacionados con el agua.


Me deslizo despacio por el cause del río. La pendiente me arrastra y yo me dejo llevar tranquilamente, disfrutando del paisaje. El aire es fresco y puro. Las hojas se balancean en las copas de los árboles y las abejas revolotean alrededor de las hermosas flores. A medida que sigo recorriendo las montañas, me voy encontrando con seres vivos extraordinarios, hermosos, que acuden a mí para saciar su sed. Pájaros de grandes alas vuelan lo más alto que pueden para asechar a sus presas, la rana espera a que algún inocente insecto se despiste para atraparlo con su larga y viscosa lengua, y yo, continúo mi camino.

Pasan las horas y el paisaje ya no me sorprende tanto. Me he acostumbrado a su vegetación, a su clima, a su fauna…pero me siento realmente bien, es mi hogar.

Ha caído la noche, apenas se oyen ruidos. Los animales se han ido a sus casas a descansar y sin embargo yo, al igual que los mosquitos, sigo despierto y avanzando. Rara vez escucho a algún animal buscando algo que comer o el canto de algún grillo en soledad. No me gusta la noche, es triste y me siento solo.

Por fin es de día. Continúo mi paso por la montaña y no sé que me esperará al final del cauce. Ahora me he estancado, no se si es bueno o malo pero no soy yo el que decide dónde parar o cuando seguir.

A mi alrededor hay personas, esos seres tan extraños y a la vez tan atractivos. Hablan, ríen, lloran, se quejan. Son realmente inquietantes. Alguien se está acercando a mí. Parece ser una chica. Tiene el pelo rubio, muy largo y rizado, como el de los trigos que me encontré durante mi viaje por el río. Sus ojos son de color miel, como la que hacían las abejas en las colmenas. Sus labios son rojos, como las amapolas del campo por el que pasé. Sus dientes son blancos y brillantes, como la nieve que fui. Ahora me mira y sonríe, y no puedo evitar enamorarme de su sonrisa. Con sus delicadas manos hace una especie de cuenco y me recoge. Me está acercando a su boca y por fin logro mojar sus labios, su boca y todo su ser. Y éste ha sido mi destino, el mejor destino que podía tener.



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